EL TEMPLO DE SAN MARTÍN Y LA DIGNIDAD DE UN PUEBLO

El templo de San Martín, en el centro de Molina de Aragón, en la calle de las Tiendas, donde estuvo instalado el Colegio de los Padres Escolapios y después el de los Agustinos, es hoy, por abandono, desgraciadamente para vergüenza de los molineses, un lugar de ruina desde el incendio de hace ya muchos años. En Nueva Alcarria publicaba yo, el día 15 de julio de 1996 (hace 13 años), pidiendo la restauración de la iglesia y después lo volví a denunciar en sucesivas ocasiones. Es el templo más antiguo que tenemos, y sin duda que mi llamada de atención sirvió para que el día 9 de abril de 1999, la Junta de Comunidades se comprometiese a invertir 25 millones de pesetas para la restauración del templo. Se aprobó un proyecto que estaba previsto acometerse entre los años 1999 y 2000 y que contemplaba la posterior creación de un Museo de Arte Sacro y Arqueológico (que no hemos visto). Esta iglesia data del año 1187.

En octubre de 2010, Luis García Marcos escribía una emotiva carta en el periódico Nueva Alcarria que iniciaba con el párrafo que encabeza este artículo, mostrando su preocupación por la situación de este emblemático templo que ahora, quince años después, sigue víctima de la inoperancia política, administrativa, o social -o de las tres a la vez-, ejemplo claro de la situación dramática que vive Molina de Aragón urbanísticamente y, sobre todo, reflejo del desprecio que mostramos hacia nuestro patrimonio, hacia lo que este patrimonio representa de nuestra pasado y especialmente lo que dice de esta ciudad en la actualidad y que no es nada bueno.

He traído aquí, deliberadamente, la carta de Luis García Marcos, porque fue una persona especial para Molina de Aragón, por su trabajo en el antiguo INP, un molinés de adopción porque nació en Segovia, pero pronto  -con apenas 24 años llegó como funcionario a Molina y ya nunca dejó de ser y sentirse molinés de cuerpo y alma- se hizo un molinés ejemplar en toda su trayectoria vital, tanto profesional como social y humana. Y como llegó a sentir esta tierra como propia y sufrió por ella como pocas personas que yo haya conocido.

Por eso, se empeñó una y otra vez en luchar por Molina de Aragón y, entre otros muchas reivindicaciones, siempre tenía en mente la situación “vergonzosa” de la iglesia de  San Martín, la más antigua de Molina, la iglesia de los Escolapios y el viejo Instituto de Enseñanza Media Santo Tomás de Aquino, donde muchos molineses -me cuento entre ellos- hemos cursado estudios; y no dudó nunca en dirigirse al Obispado, al Ayuntamiento, a la Junta de Comunidades y otras muchas instancias para pedir, suplicar si era preciso, con humildad y enorme respeto hacia todo el mundo. Y es que, efectivamente, como decía este molinés ejemplar – siempre colaborando con el Casino, con la Cruz Roja de Molina y recocido por su extraordinario trabajo como funcionario durante 50 años con la Medallas de Oro y Plaza de la Previsión al Mérito en el Trabajo- la situación de este templo de origen románico es de un escandaloso abandono “para vergüenza de los molineses”.

San Martín, la iglesia que hemos conocido cientos de molineses como alumnos del Instituto, es una joya arquitectónica del siglo XII que ha sufrido numerosas modificaciones a lo largo de los siglos, y que solo por ser la iglesia más antigua de Molina de Aragón merecería otro destino que la ruina en que se ha convertido. Es absolutamente reprochable que ningún responsable político ni religioso muevan un dedo para acabar con esta situación realmente humillante para la ciudad de Molina. Absolutamente reprochable.

Nunca entenderé porque la Iglesia católica prefiere tener un templo en ruinas antes que cederlo o donarlo para un fin público que permitiría su recuperación arquitectónica y su uso público como ese Museo de Arte Sacro que mencionaba nuestra admirado y recordado Luis García Marcos; en este caso en concreto, tampoco llego a comprender los motivos por los que el Obispado no ofrece esta posibilidad a la sociedad molinesa, no, no llego a comprenderlo; como tampoco llego e entender que desde el ámbito municipal, e incluso desde los distintos movimientos asociativas de la ciudad no hay reacción alguna, de ningún tipo, ante el lamentable abandono del edificio, patrimonio de la ciudad.

Una acción decidida en este emblemático edificio, uno de los símbolos históricos y monumentales de la ciudad a pesar de todo, sería sin duda alguna un aldabonazo en la conciencia de quienes, ahora, permiten que sus casas se vengan al suelo, que tienen todo abandonado y dejan que sus propiedades cerradas a cal y canto, con tejados por los suelos y con emblemáticas portadas adinteladas esperando su hora, ofrezcan una imagen lamentable del casco urbano molinés que -no tengo duda alguna-, no causará precisamente una impresión muy positiva en nuestros visitantes, por mucho que queremos apostar por el turismo con un Parador que sí puede ayudar y mucho, pero que necesita el apoyo de la ciudad y de los molineses.

Y sería un golpe de autoestima para una ciudad que ve como su patrimonio desaparece año tras año, con palacios otrora imponentes ahora convertidos en ruinas, dejando un panorama desolador en las calles y plazas sin que nadie parezca sentirse consternado por ello. Alguien tendría que reflexionar, alguien de aquellos que tienen responsabilidades en la Iglesia, en el municipio, en la Comunidad Autónoma y hacerlo muy seriamente sobre si es de esperar algo bueno en el futuro de la ciudad de Molina dejando que el templo más antiguo del municipio, con gran valor no solo monumental y artístico, sin olvidar el sentimental, acabe en cualquier momento por lo suelos. Es un asunto de dignidad de todo un pueblo. Ahora San Martín no es, precisamente, algo ejemplar que pueda llenar de orgullo a los molineses y enseñar el camino de la rectitud en sus actuaciones privadas.

Tengo envidia sana de lo que ha hecho a lo largo de las últimas décadas la Junta de Castilla y León, en estrecha colaboración con la Iglesia, recuperando su patrimonio arquitectónico en muchos pueblos lejanos y semiolvidados como es al caso del nuestro, pero han sabido hacerlo con “Las edades del hombre”. Aquí tuvimos un proyecto ilusionante como el “Molina a plena Luz”, del que desgraciadamente ya no hemos vuelto a saber nada.

 

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